Le ha dicho a la UCI lo que es, una recaudadora de dinero a la que no le importan los ciclistas. Le ha dicho a la prensa en general, que cada uno aguante su vela, lo que piensa de muchas cosas. Sabe que le intentarán pasar factura. Algunos ningunearán sus triunfos. La UCI le puede tener, en plan vengativo, pasando controles mañana y tarde, o también pueden hacerle lo que a un corredor profesional en pleno mes de agosto, ¿pararle en pleno entrenamiento para tomarle muestras de sangre!
Aquí vale todo. A Freire le da lo mismo. Ha pasado y seguirá pasando todos los controles que le pongan por delante, porque es muy bueno. Lo mejor que nos podría pasar es que volviese a ganar el Mundial en Sttutgart. Por si todo esto fuese poco, nos salvó el día. Cuando Freire gana, el cielo se abre.
No se cortó cuando le preguntaron por Valverde: «Prefiero que vaya al Mundial. Con él siempre será más fácil tener la carrera controlada. Si yo estoy bien, tendrá que ayudarme al final». No faltó de nada en sus declaraciones. Crítico con las injusticias, Freire vive en su mundo y cuando sale de él, explota. Por si quedase alguna duda, uno firmaría todo lo que dijo. Le avalan tres mundiales y cientos de controles superados. Un auténtico crack.








