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RSS | ed. impresa | Regístrate | Miércoles, 1 octubre 2014

Gente

SIETE MARAVILLAS... Y PICO
Chichén itzá, dioses y cielos
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He aquí la pirámide de Kukulkán, en Chichén Itzá (México). Un auténtico prodigio de la arquitectura y de la ciencia de los pueblos precolombinos. Construida hacia el siglo XIII, el edificio tenía una doble función sagrada y astronómica: por una parte, era un templo en honor a Kukulkán, la serpiente emplumada que los aztecas honraban como Quetzalcoatl; por otra parte, la pirámide señala dos veces al año el paso del equinoccio (21-22 de marzo y de septiembre) con un juego de sombras que semeja el descenso de la serpiente desde la cima hasta la base del edificio.

La ciudad sagrada de Chichén Itzá se asocia comúnmente a la cultura maya, pero no es del todo exacto. Ciertamente su origen y primer desarrollo se debió a aquel pueblo, pero las grandes obras arquitectónicas que nos han llegado pertenecen a una etapa posterior, tras la decadencia maya y la invasión por los toltecas en el siglo X quienes hicieron de Chichén Itzá su capital. Los toltecas, grandes guerreros, supieron absorber los conocimientos científicos de los mayas y de fusionar sus gustos artísticos con los de sus predecesores. De este mestizaje surgió el esplendor de la ciudad itzae.

A unos 120 km de Mérida (hermosa capital del Yucatán, así bautizada por los primeros conquistadores extremeños que a ella llegaron en el siglo XVI) y camino de la populosa Cancún, el parque arqueológico de Chichén Itzá se extiende sobre 300 hectáreas de terreno. La península es casi totalmente llana y árida, de modo que el agua es un bien escaso y valioso. De ahí la ubicación de Chichén Itzá, nombre que significa «cerca del pozo de los itzaes».

Además de la gran pirámide de Kukulkán con el templo de las Mil Columnas a sus pies (en la foto), la obra más espectacular de Chichén Itzá es el observatorio astronómico, de planta circular, conocido con el nombre de «El Caracol» por la escalera que encierra en su interior. Se erigió hacia el 1050 y es, incluso por su forma, un claro antecedente de los actuales centros de observación astrofísica al estilo del de Maspalomas. Otro detalle que impresiona es el campo de juego de pelota, de 70 m de ancho por 168 de largo, con altos muros paralelos de los que sobresalen anillas de piedra donde había que introducir la pelota. ¿Y qué decir del Tzompantli, un muro de más de 50 metros con representaciones de cráneos ensartados en estacas, lugar donde se amontonaban las cabezas de las víctimas inmoladas!

Chichén Itzá fue declarada por la Unesco como Patrimonio Mundial, y este verano ha sido elegida como una de las Siete nuevas Maravillas del Mundo.
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