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«Nos dan un lección de fortaleza cada verano»
Los niños de Chernobil regresaron ayer a Ucrania. Ya está en marcha su próxima estancia en Euskadi
29.08.07 -
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«Nos dan un lección de fortaleza cada verano»
Un grupo de niños de Chernobil se despide ayer del País Vasco en el aeropuerto de Loiu. [PEDRO URRESTI]
SAN SEBASTIÁN. DV. Dicen las familias vascas que acoger a niños de Chernobil engancha. La convivencia con los chavales durante los meses de verano les aporta «vida, fuerza, alegría». Por eso, cuando termina su estancia y los niños regresan a su país, «el vacío que dejan es inmenso». La despedida es «triste». La escena se repite cada final de agosto en el aeropuerto de Loiu. Ayer, las lágrimas y los abrazos se volvieron a suceder en la terminal vizcaína, tras despegar los dos últimos aviones con destino a Ucrania en el que viajaban los menores.

Atrás queda un verano repleto de actividades y una cifra récord de niños acogidos: 391, casi el triple que hace apenas tres años. La clave la tiene la Asociación Chernobil o, mejor dicho, los chavales, que «se han ganado el corazón de las familias», explica Aurora Hernández, miembro del grupo y tía «postiza» de cuatro pequeños que han pasado el verano en casa de su hermana. «Son como mis niños. Es una satisfacción estar con ellos, sentirse de su familia», cuenta esta solidaria vizcaína.

La mayoría de los niños ya conocía Euskadi. Nueve de cada diez repite la experiencia cada verano, hasta que cumplen la mayoría de edad. Entonces, son las propias familias de acogida o de origen quienes organizan los viajes, pero por su cuenta. El vínculo, en todo caso, no se pierde. «O bien vienen ellos, o vamos nosotros», explica Aurora. Ella pasó diez días en Ucrania en 2005, con el grupo de la asociación que se encarga de la selección de los niños. No es un casting, ni mucho menos. Sólo se aseguran de que los chavales viven en la zona contaminada por el desastre nuclear (tienen que tener un certificado oficial) y de que sus familias tienen pocos recursos económicos.

La experiencia le marcó para largo tiempo. Tanto que ahora dice seguir «rehabilitándose». «Es una vida muy diferente, ruda, difícil. Admiro su gran capacidad de adaptación, tanto cuando vienen aquí, como cuando regresan a su casa. Nos dan una lección de fortaleza cada verano. Son verdaderos supervivientes», asegura Aurora.

La estancia, lejos de la radiación, les sirve a los chavales para recuperar fuerzas y ganar en salud. «Se nota el cambio. Y mucho. Todos se van con mejor color y con kilitos de más», dice Aurora. También regresan con una higiene bucal en condiciones. La mayoría de los chavales de Chernobil sufren problemas de caries y otras infecciones. La visita al dentista es casi obligatoria.

La campaña, en octubre

A medida que avanza el verano, el vínculo se estrecha. No sólo con el niño, sino con el resto de familias de acogida, que comparten actividades y experiencias. Todas han empezado ya la cuenta atrás para la próxima estancia de los chavales en el País Vasco. Aunque todavía quedan diez meses, la asociación ya se ha puesto en marcha para organizar el regreso. Cuatro miembros han viajado hasta Ucrania, donde colaboran con otras dos asociaciones de la zona contaminada: Juntos por la vida y Madres de Chernobil. En poco más de diez días visitarán cerca de doscientas familias y comprobarán la adaptación de los menores. La campaña de captación de familias no empezará hasta octubre, pero Aurora anima a todos los interesados a acoger a uno de estos menores. «Se engancharán, seguro».

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