El fiscal general de Estados Unidos, Alberto Gonzales, presentará hoy su dimisión. /REUTERS
El presidente George W. Bush ha visto cómo en los últimos días su círculo de confianza se ha visto reducido. Si hace un par de semanas era su principal consejero,
Karl Rove, el que dejaba su cargo, hoy ha sido el fiscal general, Alberto Gonzales, el que ha presentado su dimisión, que Bush dice haber aceptado «de mala gana».
El hispano que más lejos haya llegado en el gobierno permanecerá en el cargo hasta el próximo día 17. Sus dos años y medio como fiscal general han estado plagados de escándalos políticos pero su labor más polémica fue como consejero legal de Bush en la Casa Blanca, donde su nombre estuvo asociado a la definición de 'combatiente enemigo' para burlar la Convención de Ginebra, la creación de Guantánamo, la elástica definición de tortura y hasta los interrogatorios que dieron pie a Abu Ghraib.
Hace sólo tres semanas que el mandatario reafirmó su apoyo a un hombre «honesto y honorable» que no lograba salir airoso de las investigaciones por los despidos políticos de nueve fiscales que investigaban casos de corrupción en las filas republicanas. Una investigación que sigue abierta y a la que se uniría, al finalizar el receso vacacional, la de su papel en los casos de espionaje doméstico.
Bush empieza a quedarse solo
La Casa Blanca ha decidido poner fin a ese desgaste deshaciéndose de los personajes más atacados por el nuevo Congreso demócrata, que aprovecha su nuevo liderazgo en los comités investigadores para forzar testimonios y poner a altos cargos públicos en la picota. Desde su apretado triunfo en las elecciones de noviembre, nombres emblemáticos como el ex secretario de Defensa Donald Rumsfeld, Rove y Gonzales han desaparecido de la foto oficial. Además de estar detrás de las políticas más controvertidas de Bush, todos eran sus íntimos amigos y viejos colaboradores desde sus comienzos en las política texana.
Bush se queda así en la Casa Blanca más sólo que nunca, pero también recupera un poco de oxígeno en una etapa difícil en la que goza los índices de popularidad más bajos de su mandato, en buena parte debido al devenir de Irak. Quien seguirá a su lado será el oscuro vicepresidente Dick Cheney, que quiere ayudarle a rentabilizar los avances que espera ver en Irak.
Gonzáles se despide con un «Dios bendiga a América»
Gonzáles anunció su dimisión con un emotivo y patriótico discurso, en el que recordó a sus compatriotas que «EEUU es el mejor país del mundo», y terminó con un «Dios bendiga a América». Bush, igual de parco que él, sin dejar lugar a las preguntas, culpó a los políticos de Washington por su partida.
«Es triste que vivamos en un tiempo en el que a una persona honorable y con talento como Alberto Gonzales se le impide hacer su trabajo porque su nombre ha sido arrastrado por el fango por cuestiones políticas», declaró con resentimiento. Su dimisión llega, recordó, «después de meses de trato injusto que ha creado una dañina distracción de Departamento de Justicia».
Muchos consideran que nunca fue el abogado del pueblo sino que siguió siendo el abogado de Bush. Entre los candidatos a reemplazarle se hablaba este lunes del actual secretario de Seguridad Doméstica Michael Chertoff, un nombre que era visto con preocupación por los demócratas. «No veo por qué vamos a querer reemplazar a un hombre marcado por Guantánamo por otro marcado por el Katrina», advirtió el ex senador y candidato presidencial John Edwards. Su comunicado inicial sobre la dimisión de Gonzáles tenía sólo cuatro palabras en inglés: «Más vale tarde que nunca».