
Se puede intentar hacer comulgar a la gente con ruedas de molino, pero el domingo es un juez inapelable: cero a dos contra el Castellón y ridículo en toda regla de la Real en su regreso a Segunda cuarenta años después. Todo lo demás, ruedas de molino.
La realidad es tozuda y ayer se lo recordó a la Real. Se puede perder un partido en Holanda 3-0 ante un equipo flojo como el De Graafschap y decir que el resultado es engañoso y, a fin de cuentas, el rival era de Primera división. Una semana más tarde perdía 8-1 ante el Ajax. Rueda de molino.
Se puede decir que no ganar ni un amistoso en pretemporada es intrascendente, pero llega el primer partido de Liga en casa ante un rival que luchará por la permanencia y la Real pierde por cero a dos y hace un ridículo espantoso. Otra rueda de molino.
Se puede decir que es preferible no fichar a nadie si no mejora lo que hay en Zubieta, pero se rastrea medio mundo al mismo tiempo y se termina fichando a un jugador galés que probablemente tenga buenas cualidades pero suena a recurso de última hora a la desesperada. Ruedas de molino.
La Real tiene la inmensa suerte de tener una afición con una paciencia a prueba de bombas. Pero la Real tiende a confundir esa paciencia infinita con la posibilidad de hacer comulgar a esa afición con ruedas de molino, y la gente no está dispuesta a cruzar esa línea, a que le engañen. Una cosa es ser de la Real y otra, ser ciego y mudo.
Y, claro, la gente estalló al final del partido, indignada por lo que vio. Una Real penosa, sin criterio, sin juego, sin orden, sin ideas, sin fuerza, sin recursos y sin posibilidades ante un equipo como el Castellón, que no pasa de ser uno más. Pero, a diferencia de la Real, sabe colocarse en el campo, maneja dos o tres ideas y tiene un par de jugadores interesantes que saben pasar el balón y combinar entre sí.
La Real ofreció un espectáculo lamentable en todos los órdenes del juego. Primero, a nivel individual de los jugadores, que parecieron futbolistas mediocres. La Real tiene un déficit de calidad terrible, pero eso no se puede decir. Y calidad no son filigranas, sino capacidad para superar al rival con algún argumento, sea técnico, táctico o físico. Ningún futbolista de la Real dio ayer señales de ser capaz de desbordar a su par de ninguna manera, salvo Xabi Prieto en los pocos minutos que jugó por la derecha. Quizá por eso el club trata desesperadamente de traspasarlo, para que no se note la diferencia, al grito de que es frío, vaya temporada hizo el año pasado, no quiere renovar... Ruedas de molino.
En lo referente a Coleman, cuyo debut se esperaba con interés, lo mejor que se puede decir de él es que acertó con el vestuario, con una camisa blanca de quitar el hipo. No perdió la figura en ningún momento y encajó la derrota en pie, con entereza. La va a necesitar para corregir lo que su equipo hizo ayer. No pareció acertar con los puestos de Prieto por el centro y De Cerio por la derecha y tardó en reaccionar. Después, cuando Prieto crecía por la derecha le cambió de banda para que entrase Estrada y volvió a apagar las luces del equipo.
Además, la Real no transmitió la sensación de ser un bloque, de ser un equipo trabajado en lo táctico. Pareció mal colocada casi siempre y sin un plan, ni con balón ni sin balón. Así, apenas pudo poner oposición a un Castellón correcto, pero poco más. Le quedan toneladas de trabajo.
Por supuesto, el de ayer sólo fue el primer partido de la Liga y quedan 41 por delante. Por supuesto que la Real puede empezar a ganar el sábado en Eibar y arrancar en una carera imparable al ascenso. Por supuesto que los jugadores mejorarán. Por supuesto que Coleman irá conociendo a los suyos y les hará jugar más. Por supuesto que con el primer triunfo pueden llegar todos seguidos. Por supuesto, pero a esta afición se le han dicho ya tantas cosas, se le han puesto tantas excusas, se le han dado tantas explicaciones peregrinas que necesita ver para creer, como Santo Tomás.
No más ruedas de molino. Como decía ayer un aficionado en Anoeta, de lunes a sábado se puede decir lo que se quiera, pero el domingo no engaña. Y para comulgar, en misa.








