Lo que no cabía esperar es que la Real no jugara a nada, sobre todo en el primer tiempo y en los diez minutos finales del encuentro. La Real tiene futbolistas de verdad y parece en condiciones de formar un equipo. ¿Entonces...? ¿Por qué se rompió por el centro y se convirtió en un naufragio colectivo en su campo y en el de enfrente?
La respuesta a esa pregunta tiene la clave de que lo que nos queda sea más o menos duro o termine por convertirse en otro infierno. Es normal que la Real necesite tiempo para ajustar un sistema consistente, tiempo para que los chavales con menos experiencia se vayan encontrando seguros, tiempo para saber cómo llegar al área rival con peligro cierto de gol. Es normal.
Lo que no es normal es que la imagen de ayer fuera tan pobre. Al Castellón le van a dar trabajo todos los equipos de la categoría. Ganará unos, perderá otros y empatará bastantes. La Real no llegó ayer a ser un rival de verdad. Los castellonenses le dieron un meneo antes del descanso y acertaron a hacer el segundo gol cuando la Real estaba empezando a jugar un poquito. Va a ser duro. Por supuesto. Pero cabe esperar que la Real sea capaz de competir. Ayer no lo hizo.





