
El motivo es que consideraba que había corrido durante los últimos metros y, aunque no tenía ningún aviso, una regla (230.3 de la normativa de la IAAF) permite al juez de pista tomar esta decisión. Paquillo se quedó de piedra. Su felicidad, su ilusión, su trabajo, arrebatados de un soplo. Pero el equipo español, que se resistía a perder su primera medalla en Osaka, presentó una reclamación y, tres horas y media después, el Tribunal de Apelación decidió recolocarle en el podio.
Para entonces Paquillo estaba en el hotel tirándose de los pelos. «Estoy seguro al cien por cien de que lo he hecho bien; mi técnica ha sido correcta», aseguró nada más perder la medalla de plata, la tercera en su historial.
El de Guadix no salía de su asombro. Está considerado uno de los marchadores más técnicos del mundo. Su estilo, se utiliza como modelo. Es más, nunca en su vida, salvo en sus primera competiciones, como cadete o juvenil, había sido descalificado. Por eso José Luis de Carlos presentó una protesta verbal que terminó en el Tribunal de Apelación. Allí se estudio el vídeo. En un plano, desde la curva, se observa que no hay irregularidades; en el otro, desde lo alto y de frente, no se aprecia con claridad el movimiento de los pies.
Dos pies en el aire
Entre el jurado se encuentra José María Odriozola, que, por ética, permanece en silencio. No interviene en la discusión, aunque al final expone sus impresiones. Además se pide consejo a César Moreno, mexicano como el hombre que se había encontrado, inesperadamente, con un bronce en las manos, Eder Sánchez, y pide que no se fijen únicamente en los pies.
Porque la marcha encierra un secreto: la vista es incapaz de apreciar dos pies en el aire, el motivo de sanción, algo que sí se ve ante un monitor pasando las imágenes a cámara lenta. Pero hay dos factores que resultaron determinantes: la trayectoria de Paquillo, técnicamente excepcional, y la claridad de la norma, que exige que sea algo flagrante para mostrar la tarjeta roja.
Mientras tanto Paquillo seguía en el hotel recibiendo un masaje. Cuando, de repente, apareció en la sala Korzeniowski. Su entrenador le comunicó que habían revocado la decisión y que volvía a ser subcampeón del mundo. El andaluz no pudo contener las lágrimas. Tres horas y media después estaba en el podio. Paquillo, minutos más tarde, se encontró con Odriozola. Se fue directo a por él. «Presidente, muchas gracias», dijo. «No, la medalla es mérito tuyo», replicó Odriozola.
Humedad extrema
La carrera fue realmente dura. Otra vez calor (31º), otra vez humedad (70%). De ahí que los favoritos se reservaran al máximo, mirándose de reojo, posponiendo la lucha final. Sólo hubo un intrépido, el italiano Brugnetti, que mandó hasta el kilómetro 13.
Jefferson Pérez, el infalible andarín ecuatoriano, no se escondió más. Era el momento de demostrar que es el mejor. Por algo es campeón olímpico y tricampeón mundial. El ruso Borchin, acabó desmayándose sobre una acera. Jefferson, no. Jefferson voló hacia la meta con una determinación asombrosa. Parecía fresco, pero cuando pasó la meta cayó al suelo víctima de calambres y convulsiones. Una gesta singular. COLPISA





