El estadounidense se quedó a ocho centésimas (9.85) después de correr en contra de un viento de 0.5 m/s. Sólo tres de los finalistas habían bajado de los 10 segundos este año y sólo tres lo hicieron en la carrera de los flashes. Pero el miedo de Powell le costó también la medalla de plata, que fue para el bahameño Derrick Atkins con un nuevo récord nacional (9.91).
Gay se despertó con un gusanillo por dentro. Era el gran día. Por la tarde superó el trámite de las semifinales con una victoria. Powell, en cambio, se dejó llevar y cedió el triunfo a Atkins. Una premonición. Y por la noche llegó el momento. Powell, más ortodoxo, más elegante, más fluido, se puso al frente. Pero a los 60 metros Gay ya le había dado caza. «Cuando intuí la llegada de Gay, me giré y sentí pánico», reveló Powell.
Ahí, cuando se colocan las dos balas una al lado de la otra, es cuando puede prender un final de récord. Pero Powell se asustó y se quedó paralizado. Su cuerpo se crispó. Perdió la figura y perdió el paso también. Por eso necesitó dos zancadas más que su rival, cuando lo normal hubiera sido al revés. Pero los 42 apoyos de Gay le llevaron hacia el oro de Osaka, prueba que coloca en la cabeza de Gay su primera corona. El año que viene buscará la de laurel, la olímpica. Y Powell sigue huérfano de triunfos de calado. El jamaicano no ha testado la miel de la victoria. Y, una vez más, abandona cabizbajo un gran campeonato, aunque el récord del mundo sigue siendo suyo (9,77). Aunque Gay continúa empecinado en robárselo. «Realmente creo que un día el récord del mundo será mío", auguró.
Tyson Gay no se despide aquí de Osaka. El estadounidense también anhela la medalla de oro de los 200 y el 4x100. COLPISA





