Tolosa-Goierri
El museo del dulce y del chocolate
Los turistas que se acercan hasta la villa no dudan en visitar el Museo Gorrotxategi. Es siempre una parada obligada
27.08.07 -
08:45 -

El museo Gorrotxategi del dulce y del chocolate recibe visitas durante todo el año. En la imagen, un grupo sigue atento las explicaciones.
TOLOSA. DV. El Museo Gorrotxategi se abrió hace 25 años. «En el año 1981 se derribó la casa y en 1982 se hizo el museo», nos cuenta Iñaki Gorrotxategi. «La casa antigua de la confitería databa del siglo XVII, nuestra confitería es de 1680. En aquella casa había un montón de elementos de trabajo antiguos. Antes se echaban las cosas por viejas, no había una evolución. En todos los oficios, en el siglo XIII se elaboraban las cosas igual que en el XII, en el XIV igual que en el XIII En la confitería pasaba lo mismo. Cuando se cerró la vieja confitería en el año 1950 y se pasó aquí, quedó un montón de material y ese material fue un poco la base para que mi padre hiciera en 1981 el primer museo de la confitería, en el primer piso de la antigua confitería», explica. A los diez años, el museo se pasó a donde está ahora. «Tenemos 250 metros cuadrados y ahí ofrecemos toda la colección que tenemos».
La evolución del chocolate
El Museo Gorrotxategi es el mu-seo del dulce y del chocolate, y según Iñaki, «hoy en día tanto el dulce como el chocolate son artículos de calidad. Una persona que disfruta comiendo es alegre e inteligente; una persona triste seguro que no disfruta ni comiendo ni disfruta con el dulce. Yo creo que vendemos ilusión y mucha alegría». El que venga al museo podrá conocer, por ejemplo, la evolución del chocolate, desde el descubrimiento del cacao de 1500 hasta nuestros días. «El del chocolate fue un movimiento importante», dice Iñaki. «En los siglos XVIII y XIX no se consumía café como lo tomamos ahora, lo que la gente tomaba era una taza de chocolate. Por ello, en todos lo pueblos había chocolateros, que cogían el haba del cacao, lo tostaban, lo molían y lo ponían en moldes. Todo este proceso se puede ver en el museo. De todas formas, hoy en día se está notando un cambio en el que el consumo del café está bajando y el del chocolate está tirando de nuevo para arriba, aunque el café sigue siendo todavía el rey», indica.
El visitante también conocerá de cerca el tema del café. «Ahora todos tenemos el café tostadito y cerrado al vacío», comenta Iñaki. «Antiguamente, la gente hacía el café diario y el tueste diario. El confitero a las 2.00 ó 3.00 de la mañana hacía el tueste diario y las mujeres iban a casa y hacían su café de puchero, que es el que se ha consumido siempre, y el que todavía se toma en muchas casas. El café a presión en los bares ya lleva años, pero en las casas las cafeteras pequeñas de café a presión llevan muy poquitos años y todavía no está muy introducido».
En el museo también se muestran la historia y la evolución de la bizcochería, las rosquillas, el tema de la harina y el pan, las mantequillas y la nata, la elaboración de caramelos, los volados, el helado, los mazapanes y, finalmente, la cerería, una de las cosas que más gusta.
Confitero-cerero
«En nuestro oficio éramos confiteros-cereros», nos aclara Iñaki. «Ahora a una persona que se dedica a este oficio se le llama pastelero o repostero. Hace cien o doscientos años se le llamaba confitero-cerero porque el confitero cogía el panal entero, lo prensaba y con la miel elaboraba confituras, mazapanes, En todo el recetario que había la miel era un elemento importante. Y con la cera elaboraba velas. La luz, la electricidad la tenemos desde hace cien años solamente, y hasta hace veinte, día que llovía, día que nos quedábamos sin luz. Hace un siglo a todas horas del día necesitabas velas. El consumo de velas era muy fuerte y era lo que hacía moverse al confitero. Hoy en día todo el mundo se toma un café y un croissant, pero esta costumbre es muy nueva. Por eso, en el año 1800 y gran parte de 1900, el confitero durante la semana elaboraba velas y el sábado y el domingo vendía un poco el dulce, pastas, galletas, algún bizcocho y poca cosa más. Es decir, el trabajo le entraba por la cerería, había mucho más consumo de velas que de dulces», dice.
La sección de cerería atrae mucho a los visitantes del museo. «Cuando vienen, por ejemplo, chavales de algún colegio, lo primero que les pregunto es si alguien sabe cómo se hace una vela y nadie lo sabe. Todos sabemos lo que es una vela, pero ignoramos cómo se hace. Cuando les explicas que se colocaba boca abajo una rueda a la altura de dos metros con unas cuerdas colgando y que con un cazo se echaba la cera templadita sobre la cuerda, se dejaba que se enfriara y se volvía a echar cera sobre cera, la gente alucina. Es una cosa que llama muchísimo la atención».
Numerosas visitas
El museo Gorrotxategi recibe numerosas visitas no sólo en verano sino también durante todo el año. Estas visitas se estructuran en dos partes. Por una parte están las visitas colectivas. «Son visitas organizadas por las sociedades gastronómicas, asociaciones de jubilados, colegios, Hay muchos colectivos que hacen excursiones. Por ejemplo, el año pasado, en la margen izquierda de Bizkaia se puso muy de moda venir a Tolosa los sábados, en invierno. Visitaban el museo, se daban una vuelta por la feria, y comían alubias. A las siete de la tarde para casa otra vez».
Por otro lado están las visitas individuales, en Semana Santa y, sobre todo, en los meses de julio y agosto, que es cuando el museo está abierto de forma continua. «Durante el resto del año abrimos el museo bajo cita previa. Así que todo el mundo que quiere ver el museo lo ve», precisa Iñaki Gorrotxategi.
La evolución del chocolate
El Museo Gorrotxategi es el mu-seo del dulce y del chocolate, y según Iñaki, «hoy en día tanto el dulce como el chocolate son artículos de calidad. Una persona que disfruta comiendo es alegre e inteligente; una persona triste seguro que no disfruta ni comiendo ni disfruta con el dulce. Yo creo que vendemos ilusión y mucha alegría». El que venga al museo podrá conocer, por ejemplo, la evolución del chocolate, desde el descubrimiento del cacao de 1500 hasta nuestros días. «El del chocolate fue un movimiento importante», dice Iñaki. «En los siglos XVIII y XIX no se consumía café como lo tomamos ahora, lo que la gente tomaba era una taza de chocolate. Por ello, en todos lo pueblos había chocolateros, que cogían el haba del cacao, lo tostaban, lo molían y lo ponían en moldes. Todo este proceso se puede ver en el museo. De todas formas, hoy en día se está notando un cambio en el que el consumo del café está bajando y el del chocolate está tirando de nuevo para arriba, aunque el café sigue siendo todavía el rey», indica.
El visitante también conocerá de cerca el tema del café. «Ahora todos tenemos el café tostadito y cerrado al vacío», comenta Iñaki. «Antiguamente, la gente hacía el café diario y el tueste diario. El confitero a las 2.00 ó 3.00 de la mañana hacía el tueste diario y las mujeres iban a casa y hacían su café de puchero, que es el que se ha consumido siempre, y el que todavía se toma en muchas casas. El café a presión en los bares ya lleva años, pero en las casas las cafeteras pequeñas de café a presión llevan muy poquitos años y todavía no está muy introducido».
En el museo también se muestran la historia y la evolución de la bizcochería, las rosquillas, el tema de la harina y el pan, las mantequillas y la nata, la elaboración de caramelos, los volados, el helado, los mazapanes y, finalmente, la cerería, una de las cosas que más gusta.
Confitero-cerero
«En nuestro oficio éramos confiteros-cereros», nos aclara Iñaki. «Ahora a una persona que se dedica a este oficio se le llama pastelero o repostero. Hace cien o doscientos años se le llamaba confitero-cerero porque el confitero cogía el panal entero, lo prensaba y con la miel elaboraba confituras, mazapanes, En todo el recetario que había la miel era un elemento importante. Y con la cera elaboraba velas. La luz, la electricidad la tenemos desde hace cien años solamente, y hasta hace veinte, día que llovía, día que nos quedábamos sin luz. Hace un siglo a todas horas del día necesitabas velas. El consumo de velas era muy fuerte y era lo que hacía moverse al confitero. Hoy en día todo el mundo se toma un café y un croissant, pero esta costumbre es muy nueva. Por eso, en el año 1800 y gran parte de 1900, el confitero durante la semana elaboraba velas y el sábado y el domingo vendía un poco el dulce, pastas, galletas, algún bizcocho y poca cosa más. Es decir, el trabajo le entraba por la cerería, había mucho más consumo de velas que de dulces», dice.
La sección de cerería atrae mucho a los visitantes del museo. «Cuando vienen, por ejemplo, chavales de algún colegio, lo primero que les pregunto es si alguien sabe cómo se hace una vela y nadie lo sabe. Todos sabemos lo que es una vela, pero ignoramos cómo se hace. Cuando les explicas que se colocaba boca abajo una rueda a la altura de dos metros con unas cuerdas colgando y que con un cazo se echaba la cera templadita sobre la cuerda, se dejaba que se enfriara y se volvía a echar cera sobre cera, la gente alucina. Es una cosa que llama muchísimo la atención».
Numerosas visitas
El museo Gorrotxategi recibe numerosas visitas no sólo en verano sino también durante todo el año. Estas visitas se estructuran en dos partes. Por una parte están las visitas colectivas. «Son visitas organizadas por las sociedades gastronómicas, asociaciones de jubilados, colegios, Hay muchos colectivos que hacen excursiones. Por ejemplo, el año pasado, en la margen izquierda de Bizkaia se puso muy de moda venir a Tolosa los sábados, en invierno. Visitaban el museo, se daban una vuelta por la feria, y comían alubias. A las siete de la tarde para casa otra vez».
Por otro lado están las visitas individuales, en Semana Santa y, sobre todo, en los meses de julio y agosto, que es cuando el museo está abierto de forma continua. «Durante el resto del año abrimos el museo bajo cita previa. Así que todo el mundo que quiere ver el museo lo ve», precisa Iñaki Gorrotxategi.





