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RSS | ed. impresa | Regístrate | 21 noviembre 2008

Cultura

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Un 'master' de música coral
69 alumnos de toda España, divididos en cuatro niveles, se forman durante una semana como directores de coro al mismo tiempo que conviven en un albergue
23.08.07 -
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Un 'master' de música coral
El profesor portugués Vasco Negreiros durante una de las clases que imparte a los alumnos del tercer curso. [FLOREN PORTU]
SAN SEBASTIÁN. DV. La actividad no cesa esta semana en la sede del colegio Ama Guadalupeakoa de la calle Itsasargi de Hondarribia porque este año se ha convertido en la sede del Curso de Dirección Coral que desde hace 24 años organiza la Confederación de Coros del País Vasco. Divididos en cuatro cursos, 69 alumnos se preparan para aprender de la mano de directores corales de prestigio, y que están en activo, materias como gesto, técnica vocal, expresión corporal o repertorio. Esta actividad tiene un plus añadido: la convivencia de los alumnos ya que todos se alojan en el albergue Juan Sebastián Elkano

José Mari Aierdi, secretario general de la confederación, explicaba que «hay muchos cantores que quieren formarse como directores. No siempre piensan en acabar dirigiendo, pero sí conocer un poco más. Por ejemplo, entre nuestros alumnos hay maestros de escuelas de música que trabajan con música coral». Define este curso como una especie de trampolín, «porque si se quieren dedicar profesionalmente a dirigir un coro ya tienen que pasar por un conservatorio superior».

El curso no está restringido al País Vasco, -«al contrario, vienen alumnos de toda la geografía española», especifica Aierdi-, y cada vez los inscritos son más jóvenes. No hay límite de edad, pero si se exige una edad mínima de 17 años y demostrar un nivel, «para no retrasar al resto de la clase».

Al no iniciado en el mundo coral puede parecer que algunas de las clases que se imparten son excesivamente puntillosas. El portugués Vasco Negreiros hacía ayer especial hincapié en el gesto con frases como «la dirección queda muy bien en una fotografía, pero en un vídeo puede parecer lenta». Los alumnos de tercero, con bastante pudor a pesar de dirigir ellos mismos algunos coros amateurs, pasaban ante su experta mirada. A algunos les hablaba de la necesidad de libertad de la mano, a otros les obligaba a repetir la entrada o les indicaba que no entendía cómo la estaban realizando. «El principio de la dirección es la previsibilidad del gesto. Es muy importante no pararse cuando se está ante una (nota) negra con puntilla», repetía, para continuar avisando a sus alumnos que «la cabeza debe estar más tiesa, la mano izquierda va con retraso, el movimiento de las dos manos debe ser simétrico».

Plus de ilusión

Fuera de clase el profesor portugués reconoce que «el ambiente es muy bueno y el nivel muy alto; además se trabaja de forma seria». A la hora de hablar de sus objetivos en este curso es ambicioso: «Conseguir que un director convierta un coro normal en uno excelente». Para ello recomienda trabajo, trabajo y más trabajo, pero siempre con el plus de la ilusión, «y aquí se nota que hay de todo».

Es la primera vez que asiste a los cursos organizados por la Confederación de Coros del País Vasco y está sacando «muy buenas impresiones de esta experiencia. El hecho de que convivan juntos durante toda la semana ayuda porque se crea un ambiente mucho más relajado que se traslada a las clases». También destaca el interés en aprender: «Antes de comenzar el curso se les envió el material con las obras que se estudian y todos han venido con la lección muy bien aprendida

Una de sus alumnas es Miren Urbieta. Toda una veterana -es el quinto año que acude a este curso- opina que «para alguien que se dedique al mundo coral es un lujo poder contar con esta formación. No sólo perfeccionas tus conocimientos sino que recibes aire nuevo».

Habitualmente dirige el coro de adultos del Corazón de María de Donostia y también trabaja con los niños del Orfeoi Txiki. «Me gusta venir porque conoces gente que te aporta ideas nuevas. Además, los profesores te quitan muchos vicios que vas adquiriendo cuando te encuentras sola». Reconoce que «salir a dirigir delante de un profesor como Negreiros es un compromiso, pero te ayuda a huir de los miedos».

En el lado opuesto se encuentra Alejandro Martínez, natural de Castellón, pero que trabaja dando clases de piano en el conservatorio de Salamanca. Es una excepción porque no se dedica a cantar sino que «he venido porque estoy iniciándome en la dirección orquestal y la coral es un buen complemento. Hay momentos en los que noto que me falta base porque el nivel es muy alto, pero la experiencia es muy positiva. Estar todos en el albergue es genial».

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