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RSS | ed. impresa | Regístrate | Miércoles, 15 febrero 2012

Gente

SAN SEBASTIÁN OCTAVA DE FERIA
CIENCIAS EXACTAS
Toros cinqueños, de esos con sentido, de esos que a poco que te descuides, los tienes encima. Bohemio, Majetón, Musiquero, Matador y demás plantaron su ley en la última corrida de la feria de Illumbe 2007.
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Contaban en los tendidos que el otro día Sebastian Castella se quejaba ante un maestro viejo de haber perdido el arte y la maña de estoquear como mandan las reglas de la torería. Le dijo al matador, sabio por viejo y por diablo, que entrenaría como un loco con el carretón. Contestóle el maestro que de nada le serviría. Cada vez que entra a matar, el de Bezièrs echa el hombro para atrás. y mientras lo haga, la estocada perfecta es imposible. Por cuestión de pura geometría, de pura aritmética espacial. Contaban en los cuadernillos de la Feria que hablaban de los toros Domecq, que son bichos elipométricos (sic), eumétricos (sic), y subconvexos (sic); lo que demuestra que por mucho de inspiración, arte, angustia, querencia, tragedia, gloria que tenga una corrida, también se trata de una cuestión de ciencias exactas, matemáticas puras, circunferencias trazadas a compás fino, arcos elevados y equilibrados eje.

Bohemio, Majetón, Palmero, Matador, Musiquero y Miguero protagonizaron una increíble tarde de toros de exquisita precisión geométrica ante el asombro del respetable y, en casos, el desconcierto y el espanto de los otros protagonistas de la tarde.

Salió, por ejemplo, Bohemio al ruedo. Negro, entrepelado, bragado, meano. Nacido en diciembre de 2002, 615 kilos. A poquitos, milimétricamente, a velocidad constante, se fue comiendo el capote de López Cháves. Surgió Bolívar invitado a hacer unos quites. Y los tuvo que dejar porque de pronto descubrió que lo que estaba haciendo no eran ni faroles ni chicuelinas sino enseñarle al toro el punto exacto para desarrollar malura, inteligencia. Aprendió Bohemio tan pronto que López Chaves sólo pudo irse retirando mientras el toro le cerraba el terreno, le merendaba el capote y le avisaba de que no estaba ni bien colocado ni con él iba a poder.

Geometría riquísima y torocéntrica. Apareció Majetón. Cara rata absoluta. Sangre Albaserrada pura en los genes. El morro a ras de arena. Vuelve a ser la tarde de los toros. Hace Majetón por Agustín Serrano, torero enjuto de blanco y azabache, y le revoltea sin piedad. Y sin saber que será él, Agustín, quien más tarde le dará muerte con una puntilla exacta. No le valen a Cruz los medios pases pues el toro se los exige geométrica y matemáticamente perfectos. Con la longitud exacta y la profundidad soberbia. No lo comprende el maestro y se deja al bicho siempre en la cadera cuando lo ergonómicamente correcto sería alargar el pase hasta vaciarlo.

El torero al final descubrió, por lo menos, la raíz cuadrada de la estocada buena. Fue media pero en el punto exacto donde da la muerte, media lagartijera la llaman porque nadie sino Lagartijo encontró primero la cuadratura del hoyo de las agujas.

Palmero era el menos puesto de los hermanos en esto de las matemáticas puras. Pero para eso estaba Luis Antonio Vallejo Pimpi, nieto de quien fuera varilarguero de Manolete. Se colocó tan geométrico como pinturero en las tablas del diez, donde la querencia de cárdeno corrido, y le toreó por todos los ángulos y trapecios ante el arrebato nada científico pero sí diagonalmente entregado del público. A Palmero le habían hecho daño la primera vez en el caballo y se rajó. En cuadrado y en redondo. Así que el respetable, nunca geométrico, nunca encajonado en líneas cartesianas, pasó de gritar 'Pedazo de toro' a proferir 'Cacho cabrón'.

Para cuando Palmero fue arrastrado, el tendido 7 había abandonado todo decoro y todo respeto a las leyes de la física cuántica que rigen una corrida. Sacaron la fastuosa hogaza horneada por Tomás, el panadero de Antziola, Hernani, se abrieron las botellas de vino, se descorchó el cava, se untaron en Rioja las rosquillas y se partió a mordiscos el salchichón de La Alberca, Salamanca. Se brindó por la ciencia exacta de los toros, ciencia empapada de arte, gloria, y otras pasiones inmensurables. Entre el tercero y el cuarto, el único dato de precisión reseñable fue saber que el pan gigante que reproducía la montera del cartel de la feria estaba hecho con masa de sobao y de integral. Fermentadas juntas para que quedaran (a)matemáticamente pegadas.

Estaba ya Matador en plaza. Científicamente parejo a su dinastía. Ágil, pedía a Chaves le alargase el paño. Y Domingo entendió la ecuación. Pero cuando los dos estaban centrípetamente juntos, el torero falló 4 veces con el estoque. Al acabar todo, consciente de lo que pudo haber logrado pero había perdido, se desplomó triste en el estribo.

El quinto, Musiquero, derribó a Iturralde y su caballo con tal precisión que la segunda vara se la señaló el picador de puerta, Saúco. Su bravura integral se aplaudió en el arrastre. El sexto, Miguero, honró el cierre de la Feria 2007. La gente, nostálgica ya, se deslizó bajo la lluvia fina.
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