- ¿Va a tentar unos cuantos toros para prepararse para Bilbao? Pero si usted, maestro, es sólo el torero de guardia.
- Eso no tiene nada que ver. No soy una figura del toreo, lo sé. Pero sí un profesional. Un profesional del mundo del toro. Me contratan para acompañar a matadores que lidian solos seis toros, o en corridas mixtas donde hay dos lidiadores y un rejoneador. O cuando se presenta un mano a mano. No sólo la empresa tiene que saber que estoy en forma y en torero. Los compañeros deben confiar plenamente en mí. He de estar bien colocado, bien preparado física y psicológicamente. Piensa que, en todo momento, dentro de la lidia me sitúo allá donde estaría el tercer espada. Y cumplo con las labores que él debería realizar a lo largo de la lidia.
- El otro día un toro hizo hilo con un banderillero. Le pisaba los tobillos implacable. Hasta que su capote le cortó, al quite, la trayectoría. El banderillero le dió las gracias y el público del tendido 7 supo que usted estaba colocado donde debía, algo difícil de ver en estos tiempos.
- Antonio no tenía por qué haberme dado las gracias. Es simplemente mi trabajo y mi deber. Pero siempre gusta que un compañero te tenga en ley. En cuanto al público, sé que la mayoría me respeta. Siempre hay quien pregunta y ése quién es, pero, el aficionado conoce la importancia de mi figura.
- Sin embargo, ha de ser duro el momento de salir de la plaza. Atraviesan el ruedo los otros toreros. Acompañados de sus cuadrillas. Saludando. Ovacionados o abroncados. Pero con el público consciente de su presencia. Usted cruza el ruedo solo. Pocos miran.
- Resulta duro, sí. Pero lo asumo con dignidad. Porque sé que he cumplido con mi profesión, con mi arte, con la empresa, el público y mis compañeros. Más terrible me resulta admitir que mi triunfo ocurrirá como consecuencia de una tragedia en la plaza.
- Cierto, usted toreará si....
- Los dos matadores del cartel acaban en la enfermería. Cinco toros toreé en Olivenza porque el primero cogió a Pedrito de Portugal. Es bestial. No sólo tienes que sobreponerte a saber que ha habido una cogida. Debes admitir que la tensión de la plaza es extrema. El ambiente se ha ensombrecido, las cuadrillas, el público, han perdido el ánimo... Además, juegas con otra cosa en tu contra: el público no ha pagado ni ha ido a verte a tí, así que has de ganarte su confianza. Y su aplauso.
- ¿Y el tema de los quites? A veces el torero cede uno al sobresaliente.
- Sí, pero también ahí he de saber estar en mi sitio. No puedo permitirme el lujo de hacer un mal quite porque uno malo es un pase robado a tu compañero. Has de entender que muchos no te lo ofrezcan pues es un momento delicado: el toro acaba de salir del caballo, hay que medirlo, comprobar cómo ha encajado el encuentro, y eso corresponde al matador. Si te lo cede y el toro sale con poca fuerza, harás el quite por faroles, por tafalleras, por arriba. Para que no se caiga...
- Su padre, maestro, fue torero.
- Lo fue, sí. Torero de valor. Tremendista. Verás, cada uno se hace torero mirando a quienes en ese momento están en lo alto. Su tiempo fue el del Cordobés y los demás. Yo me siento más artista. Porque mis referencias son Finito, Manzanares... Y porque el tremendismo se agota mientras que el toreo del arte permanece.
- Su vestido de torear para hoy...
- Negro y azabache. Lo llevó Joselito El Gallo cuando murió su madre. Lo llevo yo en recuerdo a mi padre, matador de toros.





