Lo decía la plaza, la plaza llena casi hasta las banderas a falta de, digamos, unas 98 entradas y con los reventas llegados para la ocasión de Madrid y Sevilla con papel fresco y caro, retenidos por la Ertzantza. Decía la plaza que los Reyes, los Magos, habían aparecido en agosto y nos habían regalado muchísimo. No sólo a Tomás. Sino a Finito. Que hubo un momento en que Illumbe se partió en dos. Como en los tiempos viejos de Joselito y Belmonte. Quienes le habíamos negado la segunda oreja de Llorón al de Galapagar («Ha toreado pero no ha hecho faena», en sabias palabras de Mamen, tendido 7, fila 6, localidad 10) decidimos hacernos de Finito de Córdoba en su segundo. Y no por lo que le vimos en el capote. Que la lidia del primer y segundo tercio se la cedió toda toíta a Rafael Rosa (lila y plata) quien dio sentido a la expresión y al oficio de peón de confianza, Berberecho fue suyo desde que salió hasta que su matador brindó. Nos hicimos de Finito entonces porque le apretó los machos a Ocón, el director de la banda. Se había puesto, pinturero él, a tocar un pasodoble con sus músicos y Juan Serrano, el de Córdoba nacido en Sabadell, le hizo un gesto imperioso de que callase. No le gusta oir chumba chumbita cuando anda buscando la música callada del toreo. Y como hay gente en Illumbe que prefiere el silencio sonoro, decidimos que Finito era nuestro torero. Y con él seguimos. Cierto es, como decían unos, que no le enseñaba la femoral al negro listón. Pero ¿cómo toreaba, qué naturales y largura! Atacaban los tomasistas, que ya estaban con los fuegos encendidos porque la Presidencia no le diera la segunda oreja a José, y contraatácabamos los (In)Finitos. Hacía años, siglos, que el catalo-cordobés no toreaba así. Y eso que mil y diecinueve corridas lleva en sus capotes. Le conseguimos la oreja y ni él mismo, feliz, se lo creía.
Illumbe vivía la tarde a ras de corazón. Lidiaba el quinto Miguel Cubero y la plaza le envió un recuerdo a su hermano, el grandísimo y eternamente joven Yiyo. Acordámonos también dulcito de Jose Mari Recondo que fue un tiempo su apoderado. Decía él que torear se torea «en el tercer pitón». Donde Tomás a Tonadillero, con faena de toreo antiguo. Calamocheaba y rebrincaba el bicho. Malo tenía el pitón izquierdo. Pero José le corrigió la embestida y se lo llevó a las carnes y al alma. Segunda oreja le dieron y algunos no entendieron, ¿por qué ahora y no antes? Dividióse de nuevo la plaza. Otros veíamos más seria e intensa esa faena.
Los Reyes de agosto, aparte de regalarnos al Cid y los suyos, Alcareño, Boni, nos dejaron otro par de obsequios: Contó el enviado especial de la publicación Terres Taurines que Gallo y Juan Bautista le brindaron sus toros en Bayona al Juli. En señal de respeto. Al Juli que toreará con Rincón unos Jandillas que, llegados ayer, lucen esplendorosos en corrales. En casta también, casta Coloma, los Montesinos que se lidiarán en Zestoa el 8 y 9 de septiembre.