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RSS | ed. impresa | Regístrate | Miércoles, 22 octubre 2014

Gente

SAN SEBASTIÁN QUINTA DE FERIA
De otra galaxia
José Tomás no sólo encantó y llenó la plaza sino que sirvió de acicate a sus compañeros de terna en una tarde extraordinaria en la que la única nota polémica la puso la presidencia.
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De otra galaxia
llumbe vivió ayer el mejor ambiente imaginable y, probablemente, la que será mejor tarde de la feria 2007. José Tomás -tal como se esperaba- llenó la plaza de toros de San Sebastián prácticamente hasta la bandera pero, sobre todo, colmó las expectativas que se habían generado con su presencia en la única plaza «del norte» en la que ha toreado tras su regreso el pasado mes de junio.

El torero de Galapagar demostró estar en otra galaxia. Sereno, vertical, inspirado y practicando dos lecciones magistrales ante dos enemigos (Llorón y Tonadillero) que, en manos de cualquier otro espada, hubieran acabado con la paciencia del personal y del propio torero. Tomás generó, además, unos silencios en la plaza de los que no se conocían en Illumbe desde su inauguración. Silencios de respeto de más de 10.000 personas pendientes de cada paso, de cada voz, de cada gesto del torero. Era tanto el encanto -sobre todo en su primer toro- que hasta molestó la música cuando comenzó a sonar. Si hubiera una máquina para medir los silencios -como la hay para medir el ruido- se hubiera roto.

El madrileño hizo exacta y precisamente lo que había que hacer a cada uno de los toros de su lote. Llorón dió más posibilidades para el lucimiento y Tonadillero menos, pero a los dos supo y pudo dar la faena justa el torero de Galapagar que no perdió la compostura tras salir por los aires en un quite por chicuelinas ceñidísimas que levantaron los más sonoros olés del público. Impertérrito se levantó del albero, se ajustó la chaquetilla y sacudió la arena de la montera diciendo, sin hablar, «aquí no ha pasado nada». Pero pasó y mucho.

Su sóla presencia y las dos faenas de Tomás tuvieron, además, otra virtud importante. Fueron un acicate enorme para sus compañeros de terna que se vieron en la necesidad de demostrar que no estaban en la plaza de adorno, o si se quiere, de complemento.

Finito de Córdoba, que parecía llegar como el inevitable torero que sólo sirve para «ir por delante», se marcó ayer una actuación notabilísima Volvió a sus meujores momentos. Como bien decía mi amigo Gabino, «hemos visto más a Juan Serrano que a Finito» y eso que el de Sabadell tuvo la mala suerte de pechar con un primero de lote inválido y malísimo (vamos, que se murió solo) y con un segundo -un sobrero que salió de Garcigrande tras romperse Destapado de salida una mano- de mejor son y nobleza ante el que aprovechó la oportunidad con una faena de magnífica nota que fue de menos a más por los dos pitones y con clase enorme. Ganó en éste toro una merecida oreja.

El mismo trofeo -en cantidad y calidad- que se llevó de Illumbe el diestro de Salteras que llegaba a San Sebastián -según nos decía su apoderado Santi Ellauri- «especialmente motivado». A El Cid se le vio el genio interior. Las ganas de demostrar al público que no era el segundo de la lista. Sucedió -como le aconteció a Finito- que pudo lucir más ese genio con uno que con otro toro. Ante Temeroso se limitó a apuntar lo que el torero llevaba dentro pero con Vago pudo verse a El Cid de las mejores ocasiones. Magnífico con el capote rematando el recibo a una mano; cites de muy largo para embarcar luego con mucha clase y con la mano baja y exhibición de valor ante un toro que podía ser cualquier cosa menos fácil.

La puerta grande de José Tomás -tras cortar dos orejas de su segundo y una de su primero- y las sendas peludas cortadas por sus compañeros de terna hicieron importante la tarde de ayer en la plaza donostiarra. Y dicho ésto hay que hablar, obligatoriamente, de la gran polémica de la tarde. La no concesión a Jose Tomás de la segunda oreja de su primer enemigo. La petición del segundo apéndice fue clamorosa y la negativa del palco severa.

Todos los aficinados saben que, mientras la primera oreja está en manos del público, la segunda queda -reglamentariamente- en manos de la presidencia. Eso está claro. Lo que sucede es que si se concede una oreja a otro torero de la terna con menos méritos que aquél al que se le ha negado la segunda, la oreja concedida al primero se devalúa y eso al respetable le sentó muy mal y lo manifestó con la primera gran bronca de la Feria donostiarra. Todo el mundo entendió que las dos orejas concedidas a Tomás en su segundo toro fueron una especie de compensación por el error presidencial cometido en el primero. Las cuentas hubieran sido más claras si al de Galapagar se le conceden dos orejas en su primero y una en su segundo con lo que se hubieran evitado los momentos de tensión que se vivieron.

Pero hasta éso mereció la pena en la tarde de ayer. Una bronca es parte del espectáculo como lo es el magisterio de José Tomás.
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