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Estrellas de colores
Los restos de la estela del cometa Keiss se podrán apreciar el 1 de septiembre, después de trece años
16.08.07 -
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Estrellas de colores
Lluvia de meteoros en agosto de 2002 en el cielo de Amman. [ALI JAREKJI/REUTERS]
MADRID. DV. Mientras que medio mundo elevaba estos días la vista al cielo nocturno en busca de Perseidas, los astrónomos se disponen a enfrentarse a otra lluvia de estrellas mucho más rara y misteriosa. Su máximo está previsto para el 1 de septiembre y será una oportunidad única (de hecho, la segunda) para saber algo más de Kiess, un esquivo cometa que sólo pasa cerca del Sol una vez cada dos mil años. De paso, también esperan usar la información que consigan para desarrollar un novedoso sistema de alerta que nos ayude a prevenir la amenaza de un impacto letal contra uno de estos vagabundos del Sistema Solar.

La lluvia de meteoros de septiembre, llamada Alpha Aurigidis, sólo ha podido verse en tres ocasiones, en 1935, 1986 y 1994. El motivo es su origen poco habitual. La mayor parte de las lluvias de meteoritos son causadas por cometas con periodos orbitales cortos, bolas heladas que giran dentro o en las cercanías del Sistema Solar en órbitas que duran a lo sumo un par de cientos de años.

Estos cometas se desprenden de numerosas partículas cada vez que se aproximan al Sol. Partículas que forman una larga estela que marca con claridad la órbita del cometa. Cada año, cuando la Tierra pasa a través de estas colas, muchas de estas partículas entran en nuestra atmósfera, se queman y forman las populares lluvias de estrellas.

Pero Kiess es diferente, ya que la última vez que pasó cerca del Sol fue en el año 83 de nuestra era. Y eso significa que, a diferencia de lo que sucede con otros cometas, su rastro es mucho más débil y difícil de detectar. Como dificultad añadida, la Tierra sólo se cruza con esta tenue estela en muy contadas ocasiones.

Manguera espacial

Los científicos creen que la trayectoria de las partículas de Kiess es controlada por la fuerte gravedad de dos de nuestros planetas gigantes, Júpiter y Saturno, que la hacen ondear de uno a otro lado, igual que un jardinero haría con su manguera al regar. Peter Jenniskens, del centro de investigación Ames, de la NASA, y Jérémie Vaubaillon, del Instituto Caltech, en California, creen que este año, la manguera apuntará hacia la Tierra. Y no quieren dejar pasar la ocasión.

Varios equipos de astrónomos, tanto desde tierra como a bordo de aviones que volarán siempre en la zona en sombra de nuestro planeta, observarán con todo detalle la inusual lluvia el próximo 1 de septiembre, con la esperanza de localizar algún fragmento de la corteza del Kiess, un cometa que procede de la nube de Oort, en los bordes exteriores del Sistema Solar.

Para evitar el impacto contra la Tierra, el italiano Daniele Fargioni, de la universidad romana La Sapienza, señala que la mejor manera es convertirlo en un asterisco que podamos dirigir. Para lograrlo, Fargioni propone lanzar contra el destructor poderosos cohetes propulsores, cuyas cabezas se clavan sobre la superficie del meteorito. Para garantizar el acierto, estos cohetes no saldrían de la Tierra, sino de una nave nodriza enviada al encuentro del asteroide. Una vez hecho, bastaría con empujar los cohetes hacia una trayectoria segura.

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