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RSS | ed. impresa | Regístrate | 21 noviembre 2008

Gente

Pese a que anunciaron su ruptura hace unas semanas, y ni tan siquiera se dignaron a posar juntos en el bautizo de su hijo, a Lara Dibildos y Muñoz Escassi se les ve muy juntitos.
UN LARGO NOVIAZGO DE IDA Y VUELTA
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Las comparaciones son odiosas, lo sabemos. Pero es que últimamente las relaciones que se rompen y se recomponen con más facilidad que cuando media el 'superglue' están más de moda que nunca o las aguas, más revueltas, según si se ve el vaso medio vacío o medio lleno. Que se lo pregunten si no a Tamara, la 'stripper' reconvertida en recepcionista, y a Kiko Rivera Pantoja, encumbrado como un auténtico playboy gracias a sus misteriosas dotes amatorias; a Arantxa de Benito y a Guti, que pasean una racha aparentemente dulce a juzgar por cómo posan ante los objetivos; o a Iker Casillas y Eva González, con una relación tan intermitente como las rachas goleadoras de los jugadores merengues.

No son los únicos. Los últimos en sumarse a la ristra de amores de ida y vuelta que nos asiste han sido Lara Dibildos y Álvaro Muñoz Escassi, que pese a que recientemente confirmaron su ruptura por medio de una conocida revista -en un alarde de generosidad para que se enterara todo el mundo y no hubiera lugar a las equivocaciones, que espero que capten la ironía-, se les ha podido ver acompañados de ellos mismos por Sotogrande y por Puerto Banús. (Porque usan barco, más bien yate, y hay que buscar un aparcamiento apropiado y de nivel. Nada de puertos de medio pelo, de los que no conocen ni los avezados paparazzi).

En Sotogrande

Me cuenta uno de mis chivatos a sueldo, a los que tengo apostados con vasos detrás de las paredes y con hojarasca en la frente tras la maleza en un alarde de despliegue mediático, que la hija de Laura Valenzuela y José Luis Dibildos pasa unos días en la casa que su ex o no ex o como quieran llamarlo tiene en la exclusiva urbanización gaditana. Ellos con su hijo Álvaro, fruto de la interrumpida relación sentimental entre ambos y con Fran, fruto de su relación con el baloncestista Fran Murcia y que está ahí, ahí de pasar en altura a su madre.

Y ahí los ven, de paseo por Puerto Banús por separado, para guardar la compostura después de la ruptura y compartiendo coche en la estampida. Llegaron a lomos del barco y se apearon cada uno por su lado en un discreto ni contigo ni sin ti. Ella con un 'minishort' vaquero y un sombrero 'cowboy' de paja, muy a lo Anita Obregón, y él con camisa blanca para realzar un bronceado casi deslumbrante.

Lara, además, comparte jornadas de asueto con su madre, la actriz y presentadora Laura Valenzuela, que es una de las vecinas famosas de Marbella desde hace años y a la que visita con asiduidad. Laura, como buena madre, sufre en silencio las crisis que han asaltado a la pareja desde sus inicios amorosos hace dos años, pero también como buena madre ha hecho de la discreción su seña de identidad. Una y no más, Santo Tomás, debió pensar la madre de Lara Dibildos, siempre atenta y amigable con los periodistas, tras el primer renuncio, aquel cuando pillaron a Álvaro confraternizando con otra rubia en una esquina, y del que Laura Valenzuela se aventuró a opinar en la caja tonta. Ahora, tal y como anda el patio de revuelto, prefiere ver los toros desde la barrera y dejar a los 'niños' que resuelvan su vida. Que en boca cerrada...

Ellos, entretanto, siguen a lo suyo, sin confirmar ni desmentir, más bien sin hablar nada, sobre lo que podría ser una vuelta al redil de la relación, que desde sus comienzos es una especie de oda a las aguas revueltas con saltos y rápidos televisados, sin televisar o inmortalizados en alguna dramática exclusiva. Aunque las penas con un talón deben ser menos penas o al menos deben atenuarse con alguna que otra compra de 'vuittones' o 'diores', de los que tanto gasta Lara en sus paseos veraniegos.

Ahora, y más en el Mediterráneo, las aguas vienen calmadas. Es cuestión de poner el cronómetro en marcha y de que alguno de los dos ponga tierra de por medio. Se hablará entonces de ruptura, de distanciamiento, de crisis o de cualquier otra circunstancia adversa de la que saldrán airosos e incluso económicamente saneados.

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