
- Tecleo su nombre en internet y aparece una foto suya en un rescate. ¿Qué pasó?
- Tuve un accidente en 2005, en Aralar. Estábamos haciendo una práctica de espeleosocorro -su equipo tiene un convenio con el Departamento de Interior para los rescates- y me caí de una altura de cuatro metros. Tuve una fractura de sacro, bastante grave. Ahora estoy completamente restablecido, pero estuve un mes en el hospital y otros nueve de baja.
- ¿Cómo lo recuerda?
- Fue traumático. No esperas que vayas a tener un accidente. Hasta que te sacan estás mal, francamente mal, con muchos dolores y preocupado, no sólo por ti, sino por el resto de compañeros. Yo no me quedé solo, afortunadamente. Me sacaron a las doce horas, bastante rápido, porque casualmente todo el equipo de rescate estaba preparado para la práctica.
- ¿Qué se siente bajo tierra?
- Alguien que no lo conoce siente miedo. Estás en un pozo de cuarenta o cincuenta metros, vas bajando, en total oscuridad. Sólo ves negro y hay muchísima humedad. No es siempre algo agradable, tienes que pasar por sitios muy estrechos, te mojas y te cansas mucho. Una vez que conoces la técnica, pasas a tener unos objetivos, buscar un cauce, una galería. Son otras sensaciones, más deportivas.
- ¿Las entrañas de Gipuzkoa esconden muchos secretos?
- Sí. Hay cerca de mil simas catalogadas.
- ¿Conoce la sima de Larra, donde ha sufrido el accidente la espeleóloga belga?
- Sí, aunque yo no he estado en concreto en la sima donde ha tenido el accidente. Sí he estado en otras zonas de lo que se conoce como la piedra de San Martín. En su día, hace años fue récord mundial de profundidad. El lugar se hizo muy famoso y ahora llegan muchos espeleólogos de todo el mundo, polacos, ingleses, belgas, franceses, porque hay simas muy profundas e interesantes.
- ¿Es un lugar especialmente peligroso?
- Los accidentes pueden ocurrir en cualquier momento y en cualquier lugar. Son más frecuentes en las entradas, pero también hay gente que se pierde. Cuando son accidentes a más profundidad, lo normal es que sean expertos a los que la fatalidad no perdona. No es un deporte de excesivo riesgo, no tiene muchos incidentes, pero los que hay son espectaculares.
- Desde fuera sí da esa sensación de peligrosidad.
- Es una actividad que tiene un riesgo controlado. Se requiere de un aprendizaje, que se hace o bien en un grupo de espeleología. Es como la montaña: puedes subir a Urgull o al Everest. Todo tiene un riesgo y hay cuevas más fáciles que otras.
- ¿Qué busca el espeleólogo?
- Cuando empiezas es por curiosidad: meterte en un agujero a ver lo que hay, una cueva desconocida, misteriosa. Cuando controlas la técnica, lo que se busca son cuevas nuevas, la sima más larga... Y más adelante, se profundiza en el conocimiento de los sistemas hídricos, por ejemplo.
- ¿En su caso, qué le atrae?
- Me mueve la exploración, sentir que entras en un sitio desconocido, en el que nadie antes que ha estado. Eso llena de emociones.
- ¿Una expedición que recuerde con especial cariño?
- Hace unos años, estuvimos explorando la sima más profunda de Gipuzkoa, AR-1, Lizurritzetako Leizea, en la sierra de Aralar, entre la cima de Irumugarrieta y el barranco de Arritzaga, en las inmediaciones del monte Arbelo. Fue una experiencia muy grata. Era la primera sima potente que encontramos en Aralar. Siguiendo, siguiendo, siguiendo, llegamos hasta los 584 metros, la más profunda del territorio.
- ¿Algún futuro descubrimiento?
- Ahora estamos trabajando en la zona de Malkorri, en el Aralar guipuzcoano, con esperanzas de hacer una profundidad más potente, aunque claro, la naturaleza es la que manda y la que tiene que abrirte el paso.
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