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Veinte huertas de invernadero nacerán junto al segundo cinturón donostiarra
La nueva agroaldea estará ubicada en terrenos explanados en la muga de Astigarraga con Oiartzun Compensará a las explotaciones afectadas por la expropiación y las sobrantes se ofrecerán a jóvenes

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Veinte huertas de invernadero nacerán junto al segundo cinturón donostiarra
Alberdi y Cendoya, de Behemendi, señalan la zona donde irán la nueva agroaldea entre Astigarraga y Oiartzun, junto a las obras del segundo cinturón de Donostia. [ARIZMENDI]
SAN SEBASTIÁN. DV. Las infraestructuras van abriéndose camino -nunca mejor dicho- en Gipuzkoa, pero hay otra visión, la rural y productiva, que se ha visto afectada. Behemendi, la Asociación de Agricultura de Montaña, ha conseguido negociar con el departamento foral de Carreteras compensaciones que en los estudios previos no estaban contempladas. No sólo económicas, sino también de aportación de suelo rural. ¿Cómo? Ofreciendo centenares de hectáreas para crear agroaldeas -polígonos rurales de producción hortícola- en los amplios espacios creados alrededor del segundo cinturón de Donostia o en las nuevas carreteras de desdoblamiento de la N-I, en el entorno de Oiartzun. En ambos casos se ha conseguido varias el diseño original para perturbar lo menos posible las actividades de las explotaciones agrarias.

Progreso, sí, pero la tradicional explotación agraria guipuzcoana de la vega del Urumea y alrededores también. Es en Donostialdea donde se concentra la mayor parte de las huertas que luego tienen sus mercados y puestos de venta mayoritariamente en la capital. En estos momentos, el punto clave de desarrollo de infraestructuras y respeto a la labor de las explotaciones agrarias se da entre Astigarraga y Oiartzun, por donde se traza el segundo cinturón, cruzando la carretera vieja que une las dos localidades, cerca del popular bar caserío Perurena. Allí, las máquinas excavadoras extraen tierra que luego los camiones mueven a otros terrenos, para explanarlos o rellenarlos. En uno de estos trazos irá el segundo cinturón y, a su vera, dos extensiones de cuatro hectáreas cada una para destinarlas a una veintena de productores agrarios a los que se ha privado de parte de sus caseríos para que pasen carreteras y el tren de alta velocidad.

Sobre el terreno, Juan Cruz Alberdi y Mikel Cendoya, técnicos de Behemendi, explican lo que se ha conseguido y cómo se esta planificando esta nueva y gigantesca agroaldea. «Todas estas infraestructuras, desde Usurbil a Oiartzun, afectaban a una veintena de explotaciones. De forma importante. Hablamos con Carreteras y conseguimos espacios para una nueva agroaldea grande, de ocho hectáreas, que acogerá invernaderos con toda la infraestructura necesaria para que los afectados pudieran seguir con su explotación», explica Alberdi. Contaron con el apoyo de Agricultura foral, que resultó definitivo. Gureak, que tiene aquí mismo sus invernaderos en la parcela, podrá ampliarlos en 12.000 metros. Quedarían 6-7 hectáreas para invernaderos en la agroaldea. «A cada afectado se le dotará de media hectárea, unos 5.000 m2 incluida la zona de servicio y común, para aseos y sistemas de servicios. Es una superficie suficiente para que una familia pueda vivir de ella». El suelo es de propiedad municipal, cedido por 30 años a Behemendi y sus productores. Carreteras se encarga de dejar toda la zona urbanizable. «Behemendi se encarga de poner las infraestructuras y cada productor debe invertir en su parcela. Es bastante dinero: alrededor de 240.000 euros», señala Cendoya.

Parcelas de 5.000 m2

Las parcelas de media hectárea se destinarán, prioritariamente, a los caseríos afectados. Pero de los 20 afectados, media docena escasa han demostrado interés por estar presentes en las agroaldeas. «Queremos destinar las que no se ocupen por la expropiación, a los jóvenes agricultores que no disponen de suelo, o tienen sus huertas alquiladas y no están satisfechos con su situación, y después a productores interesados que carecen de espacio suficiente en sus explotaciones agrarias», recalca Alberdi.

El hecho es ofrecer un medio de vida estimulando a los jóvenes o a quienes desean mantener este tipo de actividad productiva rural. Destaca que aunque la inversión es alta -de ahí que sean los jóvenes productores los más interesados porque disponen de plazos para amortizarla y sacarle rendimiento- «las rentabilidades que se están sacando son bastante altas y duran casi todo el año». Tomate, sobre todo, pero podrían ser vainas, pimientos y todas las verduras que crecen en vertical y se desarrollan sin problemas en sacos sobre el suelo a través del sistema hidropónico. «Ya sé que es una solución insuficiente, parcial, pero es la mejor que hemos podido encontrar entre Behemendi y los departamentos forales de Carreteras y Agricultura», destaca Alberdi.

Las negociaciones con las instituciones «han sido largas, aunque el proyecto está en marcha», señala Cendoya. Con las explotaciones «aunque no hemos tenido que hablar, sí que hemos escuchado sus quejas por las pérdidas de terrenos y sus sugerencias. En esa tesitura ha habido que pelear a veces, pero el balance general ha sido positivo tras unos inicios duros para lograr la agroaldea de Oiartzun». Las reivindicaciones eran que «las compensaciones fueran más altas, acercándose a precios de mercado, pero eso es imposible. Se paga a precio rural cuando el crecimiento de los muni- cipios hace pensar que en unos pocos años valdría diez veces más».

Interesa a los jóvenes

Los jóvenes están llegando, «especialmente en el subsector de las explotaciones con ovejas y en la horticultura. Da buenos resultados y hay gente dispuesta, incluso de fuera del sector agrario», explica Cendoya. Bastantes de ellos desearían comenzar con la agricultura ecológica, pero el mayor costo de producción y la escasez de mercados les retrae. Además, la tentación de la verdura, el queso Idiazabal, los tomates... «que se venden solos, termina inclinándoles a producirlos para buscar resultados rápidos y amortizar pronto las inversiones», recalca Cendoya.
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