Miércoles, 6 de junio de 2007
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POLÍTICA

Publicado: 08:38

CONSECUENCIAS
El terrorismo amenaza la tendencia positiva del turismo en el País Vasco
Renace el temor a un retroceso en las inversiones, especialmente las de empresas extranjeras
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BILBAO. DV. La decisión de ETA de poner punto y final al alto el fuego ha caído como un jarro de agua fría en los ambientes empresariales y especialmente en los sectores relacionados con la hostelería y la industria turística del País Vasco. El terrorismo amenaza el incipiente despegue de una actividad económica que aún no se ha consolidado, que maneja cifras relativamente pequeñas pero que se había revelado en los últimos años como un motor de generación de riqueza y empleo y también como sustituto de algunas actividades industriales en situación de crisis.
Aún es pronto para valorar el impacto real, pero los empresarios del sector hostelero mostraban ayer su preocupación por el efecto negativo que la violencia puede devolver a la imagen de Euskadi, especialmente fuera de España.
El pasado año visitaron Euskadi dos millones de personas –cálculo realizado a partir de las pernoctaciones en los establecimientos hoteleros de la comunidad autónoma–, cifra que supone exactamente el doble de la registrada hace diez años. Durante esta década el número de visitantes ha mantenido una clara tendencia al alza –con la excepción del año 2001 en el que se registró una crisis pasajera–, de la mano de una nueva cultura del turismo que busca alternativas al tradicional ‘sol y playa’. El turismo cultural surgido en torno a iniciativas como el museo Guggenheim o Chillida Leku, entre otros, junto a la consolidación del País Vasco como una de las mecas internacionales de la gastronomía de primer nivel, explican buena parte del éxito de una fuente de ingresos que choca en un ambiente tradicionalmente industrial.
La mitad de los visitantes que llegaron a Euskadi en 2006 fueron extranjeros y cada uno de ellos gastó como media 584 euros durante su estancia, lo que configura ya un ‘yacimiento’ de negocio suficientemente atractivo.
Aunque la cifra de dos millones de visitantes ya resulta significativa, hasta el punto de que el Gobierno Vasco ha comenzado a considerar el turismo como una actividad a proteger e incentivar, lo cierto es que Euskadi tiene aún mucho que recorrer en ese terreno. Su participación en el turismo español apenas supera una cuota del 1,8% de los extranjeros, si bien es verdad que la ‘industria nacional’ tiene su principal foco de atracción en las zonas costeras de Cataluña, Levante, Andalucía, Baleares y Canarias.
Fuera del País Vasco también se observa la nueva situación con una prudente preocupación. El presidente de la Federación Hotelera de Mallorca, Pere Cañellas, se mostró confiado ayer en que el anuncio de ETA no afecte al turismo de Baleares. Varias zonas turísticas españolas han sido, de forma cíclica, blanco de los atentados de la organización terrorista en su intento de extender al conjunto de la economía española los efectos negativos de sus acciones.
Inversiones
El turismo no es el único eslabón débil de la economía vasca a la hora de absorber los efectos perversos del terrorismo. Nada hay más cobarde que un millón de dólares. La inversión industrial y especialmente la que procede de compañías extranjeras puede resentirse de forma apreciable, como ya ha sucedido en las dos últimas décadas.
«Dudo mucho que las decisiones de inversión que ya se hayan adoptado –aseguraba ayer el responsable de una organización empresarial– puedan malograrse. Lo lógico es que sigan adelante y se materialicen».
«Sin embargo –añade– y dependiendo de las características que tenga el retorno del terrorismo, el daño puede ser importante a medio y largo plazo. Si hay una espiral de violencia, lo lógico es que muchos inversores, especialmente extranjeros, se retraigan y decidan poner sus ojos sobre otras zonas. Algunas de ellas, por cierto, situadas a muy pocos kilómetros de aquí».
El final del alto el fuego llega al País Vasco en un momento en el que la comunidad autónoma había conseguido encadenar varios ejercicios de un crecimiento económico ligeramente superior a la media española y cuando se había colocado la tasa de paro por debajo del 5%, que los expertos consideran como pleno empleo o paro técnico.

 
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