Después de hacer su debut en 2003 como imitación a una atracción, Piratas del Caribe concluye hoy con el estreno de En el fin del mundo su ambiciosa trilogía. Walt Disney ha encontrado un filón en las aventuras del capitán Jack Sparrow y sus compañeros y no quiere dejar escapar la ocasión de hacer con otro botín, pese a que coincide con el 30 aniversario de otra gran saga, Star Wars.
Muy equivocados estaban los que pensaron que la popular atracción de Disneylandia que creó Marc Davis cuatro décadas antes tendría poca sustancia en la pantalla. Más aún los que dudaron del atractivo entre el público del capitán Jack Sparrow, ese pirata entre borracho y amanerado al que Johnny Depp dio vida fundiendo en su mente a dos de sus héroes, el miembro de los Rolling Stones Keith Richards y el popular zorrillo de los dibujos animados de la Warner Bross, Pepe-le-Pew.
Además del dinero que han recaudado a espuertas, las películas de Piratas del Caribe son ya parte de la cultura popular, capaces de revivir un género que muchos daban por muerto. Hay piratas hasta en la sopa, literalmente, eso sin necesidad de subrayar que El Cofre del Hombre Muerto, la segunda parte, es hoy por hoy la tercera película más taquillera de la historia de Hollywood.
Más piratas que nunca
Y en cuanto a Jack Sparrow, su presencia le hace el personaje más popular de Disneylandia entre las mujeres, siempre escoltado por dos guardaespaldas para evitar que sus harapos de pirata acaben hechos jirones delante de los niños. Con la llegada de esta última entrega a más de 4.000 salas en Estados Unidos las expectativas están muy altas.
Tanto que los estudios Disney han solicitado a la prensa que no desvele los secretos de una trama que los propios implicados en la cinta tienen dificultad para contar. En ella regresan Elizabeth Swan (Keira Knightley) como la damisela enamorada de Will Turner (Orlando Bloom) pero acaramelada con Sparrow, aunque no lo suficiente como para evitar su posible muerte comido por un monstruo marino en la segunda entrega.
Además, está el vengativo Davy Jones (Bill Nighy) hecho un pulpo y con el corazón en un cofre y el esquelético capitán Barbosa (Geoffrey Rush) que ha vuelto de la tumba porque para eso es una historia fantástica de piratas . Una trama en la que son muchos los Sparrow que pueblan la pantalla y continuas las traiciones entre todos sus protagonistas.
Muchos paisajes y una sorpresa final
O recónditos los parajes donde transcurre la acción, de las aguas de Singapur, donde Depp encuentra en Sao Feng (Chow Yun-Fat) otro enemigo, a un mar de icebergs pasando por lo que parecen las cataratas del Niágara o una desértica playa donde el barco pirata Black Pearl se mueve a lomos de miles de cangrejos.
También hay pinceladas de amor en el fragor de la batalla y para el que se quede con el corazón en un puño al acabar los 167 minutos de metraje de la película, un consejo: aguantar un poco más hasta el último de los títulos de crédito porque un segundo final ofrece una romántica sorpresa.
Y en medio de toda esta locura, En el fin del mundo cumple con la promesa de presentar en cámara al verdadero Keith Richards como el padre de Sparrow, alguien que incluso rasguea unos acordes musicales en una guitarra. En total, la tercera entrega de Piratas del Caribe es un cóctel caro, con un presupuesto que se calcula por encima de los 300 millones de dólares, pero con una riqueza visual que espera llevarse a la audiencia de calle.